Decir el mundo: alteridad, descentramiento y conciencia

Aprender otra lengua, habitar otro mundo

Hay algo profundamente revelador en el momento en que una persona intenta decir el mundo en una lengua que no es la suya. En ese instante, lo que parecía natural se vuelve extraño. Las palabras ya no coinciden exactamente con las cosas. Los matices se desplazan. Las certezas lingüísticas, y a veces también las culturales, empiezan a vacilar.

Aprender una lengua extranjera es, en este sentido, una experiencia singular dentro del campo educativo. No es simplemente adquirir un código. Es entrar en contacto con otra forma de organizar la realidad. Y ese encuentro con la alteridad, tan cotidiano en el aula de lenguas, puede convertirse en una de las experiencias formativas más fecundas para pensar el mundo que habitamos.

En una época marcada por crisis entrelazadas, climática, social, política, cultural, esta experiencia adquiere un significado particular. Porque los desafíos de nuestro tiempo no son únicamente técnicos ni exclusivamente económicos. Son, sobre todo, crisis de relación:

 

  • Relaciones entre sociedades y ecosistemas.
  • Relaciones entre economías y territorios.
  • Relaciones entre culturas, memorias y futuros posibles.

 

Responder a estas crisis exige algo más que soluciones tecnológicas. Exige una transformación en la manera en que comprendemos nuestra relación con los otros y con el planeta. Y es precisamente ahí donde el aula de lenguas puede desempeñar un papel inesperadamente profundo.

 

El aprendizaje lingüístico como experiencia de descentramiento

Cada lengua encierra una forma de mirar el mundo. No se trata únicamente de diferencias gramaticales o fonéticas. En cada lengua se sedimentan historias, sensibilidades, modos de nombrar la experiencia. Cuando una persona aprende a pensar en otra lengua, algo se desplaza en su relación con el mundo. Lo que parecía evidente se vuelve discutible. Conceptos familiares adquieren otros matices. Palabras aparentemente equivalentes revelan universos culturales distintos. Este desplazamiento, a veces sutil, a veces profundamente perturbador, constituye una de las experiencias pedagógicas más valiosas que puede ofrecer la educación: el descentramiento.

Salir momentáneamente de la propia perspectiva.

Descubrir que la propia mirada no agota el sentido del mundo.

En un planeta atravesado por conflictos culturales, tensiones geopolíticas y desigualdades históricas, esta capacidad de descentramiento es más que una competencia intercultural. Es una condición para cualquier forma de pensamiento verdaderamente sostenible. Porque la sostenibilidad no es solo una cuestión de gestión de recursos. Es, ante todo, una cuestión de cómo nos relacionamos con aquello que es diferente de nosotros: otros pueblos, otras formas de vida, otros modos de habitar la Tierra.

 

Lenguas y conciencia

Si la sostenibilidad implica aprender a pensar el mundo desde la interdependencia, entonces las aulas de lenguas extranjeras constituyen un espacio pedagógico particularmente fértil. En ellas, la diversidad no es un concepto abstracto, es una experiencia vivida. Cada intercambio lingüístico pone en juego interpretaciones distintas del mundo. Cada malentendido cultural abre una pregunta. Cada traducción imperfecta revela que las palabras nunca son neutrales.

Cuando el aprendizaje lingüístico se articula con preguntas significativas — sobre justicia social, memoria histórica, desigualdad o crisis ecológica — la lengua deja de ser un simple instrumento comunicativo. Se convierte en un espacio de pensamiento. En ese espacio, los estudiantes no solo aprenden a expresarse en otra lengua. Aprenden también a habitar la complejidad del mundo contemporáneo.

 

El umbral donde el aprendizaje se vuelve ético

Existen ciertos momentos pedagógicos que aparecen con frecuencia en el aula de lenguas, aunque rara vez se conceptualizan con precisión. Son momentos discretos. No siempre visibles. Pero profundamente significativos.

Un estudiante que, al leer un texto sobre conflictos ambientales en otro continente, descubre que su idea de desarrollo ya no le resulta tan evidente. Otro que, al discutir un tema de desigualdad global, empieza a cuestionar categorías que antes daba por naturales. Otro que percibe que una palabra aparentemente neutra encierra una jerarquía cultural que nunca había cuestionado.

En esos momentos ocurre algo más que aprendizaje lingüístico. El pensamiento se detiene. Las certezas se aflojan. La mirada se desplaza. Nada de esto ocurre de manera espectacular. Son desplazamientos sutiles. Pero en esos momentos se produce algo decisivo: el aprendiente empieza a reconsiderar su sistema de valores y su relación con el mundo.

A ese momento lo he llamado Umbral de Transformación Axiológica (UTA).

No se trata de un método pedagógico ni de un resultado programable. El UTA es más bien una posibilidad que emerge cuando el aprendizaje lingüístico se convierte en un espacio de reflexión sobre el sentido del mundo. Cuando el lenguaje deja de ser únicamente herramienta y se convierte en lugar de interrogación ética. Atravesar este umbral no produce necesariamente cambios espectaculares. La transformación es más silenciosa. Se manifiesta en una forma distinta de escuchar. En una mayor cautela frente a las certezas rápidas. En la intuición de que nuestras decisiones económicas, políticas, culturales afectan a realidades que no siempre vemos. Esta conciencia relacional es precisamente la que necesitamos para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. Un mundo interdependiente exige sujetos capaces de pensar más allá de su propio horizonte cultural. Y ese aprendizaje, aunque pueda parecer modesto, ocurre con sorprendente frecuencia en las aulas de lenguas.

 

El aula como espacio de transformación

Las grandes transformaciones educativas suelen imaginarse a escala de políticas globales o reformas institucionales. Sin embargo, la formación de una conciencia ética ocurre muchas veces en espacios más discretos: una conversación en clase, una palabra que obliga a detenerse, un texto que abre una pregunta inesperada. Las aulas de lenguas extranjeras están llenas de estos momentos. En ellas, aprender a decir en otra lengua puede convertirse también en aprender a pensar el mundo desde otra perspectiva. Y en ese gesto, humilde pero profundamente humano, puede abrirse uno de los caminos más prometedores para una educación verdaderamente orientada hacia la sostenibilidad.

 

Nota sobre la lengua de esta contribución

Este texto se presenta deliberadamente en español. No se trata de oponerse al inglés como lengua de comunicación internacional, sino de evitar que una única matriz lingüística se convierta en el filtro casi exclusivo de la producción y la legitimación del conocimiento. Escribir aquí en español responde a esa convicción: la pluralidad lingüística es también una condición de la pluralidad del pensamiento, y ambas resultan indispensables para imaginar futuros verdaderamente sostenibles.

Biodiversidade e sustentabilidade na Amazônia: plantas alimentícias não convencionais na formação docente e na iniciação científica infanto-juvenil

TerezEm meio fome e à insegurança alimentar agravada no período pandêmico, perguntamonos até que ponto a situação seria agravada por falta de conhecimento sobre plantas alimentícias disponíveis, mas desconhecidas como alimento pela população.
Como professora universitária, tenho como função a formação de professores e a disponibilidade de um Clube de Ciências que recebe estudantes da Educação Básica para o desenvolvimento de atividades e projetos de iniciação científica. Empreendi, então, em projetos para o conhecimento de espécies vegetais não conhecidas como alimentos. Mas era necessário compreender a biodiversidade da Amazônia em sua totalidade. Meus alunos universitários organizaramse em dois grupos, cada qual responsável por uma turma de crianças e adolescentes inscritos no Clube de Ciências da UFPA (CCIUFPA).

O primeiro ano de trabalho foi dedicado à compreensão da biodiversidade no seu todo: plantas e animais, mas também as pessoas em geral, indígenas, em suas várias etnias, ribeirinhas, quilombolas, vivendo na floresta, na cidade, em meio urbano e rural, todos compondo o meio ambiente, além dos elementos abióticos presentes e necessários à vida em todas as suas formas. Era necessário que fosse construída a ideia de interdependências entre os fatores bióticos e abióticos do ambiente e a natural integração dos seres humanos nesse todo.
Já nesse primeiro ano, porém, introduzimos, como estudo e experiência de plantio, algumas plantas alimentícias não convencionais, as chamadas PANC. Estudamos e plantamos ora-pro-nóbis (Pereskia aculeata ), beldroega (Portulaca oleracea), bertalha (Basella alba), inhame (Dioscorea sp), orelha de macaco (Alternanthera sessilis), erva de jabuti (Peperomia pellucida), Cará-moela (Dioscorea bulbifera L), dentre outras.
Passamos a plantar em vasos, como estudo experimental, visitamos feiras de agricultura orgânica, entrevistamos feirantes agricultores. Éramos professores e estudantes interagindo para conhecermos novas PANC e pesquisar propriedades nutricionais e formas de preparo culinário. No final do primeiro ano, plantamos em um espaço disponível na UFPA, uma muda de ora-pro-nóbis e de cará-moela. Doamos mudas para visitantes em exposição de trabalhos no final do período letivo.

No segundo ano, oficializamos o espaço de plantio como espaço experimental e estudantes universitários (meus alunos) passaram a fazer e orientar outros experimentos e estudos, como levantamentos pela internet de variedades de feijões e outros grãos, por exemplo, tendo em vista o estudo da biodiversidade. Estava criada, oficialmente, a horta PANC, com cerca de 15 espécies vegetais PANC. Testou-se preparos culinários, levantados pelos participantes do projeto, como bolos e farofas com ora-pro-nobis, arroz com galinha e beldroega, leite de inhame; saladas de cará-moela, entre outros, com degustação por professores e estudantes.
2025 foi nosso terceiro ano com a temática, sempre com turmas novas e novas ideias para os projetos de iniciação científica, também. As crianças de 3º ano produziram álbuns de PANC com exsicatas por eles elaboradas, sob orientação, produziram bonecos cabeludos com alpiste, fizeram novas mudas, plantaram ervas de sombra na mandala que construíram numa área coberta junto à horta. Em eventos de final de ano, que têm o objetivo de divulgação do conhecimento, os trabalhos tiveram grande sucesso, tanto das crianças, quanto dos adolescentes, que trabalharam com com padlet, fanzines e participaram de RPG (Role Playing Game). Essas atividades foram oferecidas nos eventos finais de divulgação de conhecimentos ao público visitante, a professores e alunos de escolas públicas, no formato de exposição e oficinas.

Entendemos que tudo isto concorre para a Educação para o Desenvolvimento Sustentável. Por isso, o projeto de 2026 amplia suas atividades para além dos estudos sobre plantas alimentícias não convencionais e denominase EDUCAÇÃO PARA O DESENVOLVIMENTO SUSTENTÁVEL: estudos investigativos e práticas pedagógicas para formação da cidadania amazônica e planetária.

A EDS aborda dimensões: i) pedagógica, ii) social e comunitária, iii) científica e tecnológica e iv) cultural e criativa, as quais englobam os diferentes ODS, ao se realizar ensino e aprendizagem inter e transdisciplinares. Este projeto tem, pois, o objetivo de contribuir para a formação de futuros professores comprometidos com a formação de cidadãos com atitudes positivas em relação à sustentabilidade, capazes de perceber problemas, buscar soluções e tomar decisões. Para tanto, o projeto prevê trabalhar com temas e problemas ecossocioambientais, por meio de projetos de investigação sob orientação, na perspectiva da pesquisa em aula.